Ese Barça de antes

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¿En dónde está?, ¿por qué se fue? y ¿cuándo vuelve? Son las preguntas que los despechados aficionados blaugranas se preguntan esperando despertar de la pesadilla parisina. Ese fútbol del Barça que enamora ya no existe más y París no fue otra cosa más que una radiografía que desnuda lo que ha sido la actual temporada del Barcelona, una campaña que se ha visto maquillada por la magia de Messi y la gran calidad de Luis Suárez. Fuera de eso, el equipo azulgrana ha sido inconsistente, con destellos de lo que algún día fue.

La relación romántica del Barça con el fútbol parece haber llegado a su fin. Cupido dejó de echar flechas al Camp Nou y Luis Enrique, con el paso de los años en el club se ha vuelto recalcitrante, frío, ajeno a las pasiones que despierta un balón rodando por el húmedo césped.  El París Saint-Germain sí que entiende sobre como jugar con un balón.

Verratti, Marco Verratti, ese bajito italiano que tanto nos recuerda a Xavi Hernández fue la manzana de la discordia en el Parque de los Príncipes. Presionó, recuperó, dio pases, corrió e hizo sufrir al Barcelona, Verratti se impuso desde el centro del campo ante Iniesta, Busquets y Gomes que tuvieron una de sus peores actuaciones en mucho tiempo.  Los centrocampistas azulgranas estuvieron desaparecidos en parte por sus propios errores y en parte por mérito de los de Unai Emery.  Rabiot y Matuidi se encargaron de adornar el recital de Verratti aprovechando los espacios de Gomes e Iniesta, los asfixiaron, los anularon.

Las contras del PSG venían como oleadas y el Barça se ahogaba. Al ambidiestro Julian Draxler lo infravaloraron, lo mismo que al viejo conocido “Fideo” Di María que se encargó de abrir la lata. A Cavani le faltó ser más fino con los pies y de lo contrario hubiera anotado un par de goles más en la portería de Ter Stegen. El PSG no extrañó a Thiago Silva, el Barça no remataba y el único que lo intentaba pero no encontraba acompañamiento era Neymar.  El delantero brasileño superaba a Meunier pero no tuvo equipo que le ayudara a marcar la diferencia. Y si hay que hablar bien de otro azulgrana, será de Marc-André Ter Stegen, bien dicen que si el mejor de tu equipo es el portero es porque todo lo demás lo has hecho mal.

Unai Emery, genio en la lecura de partidos y la composición de variantes para reconducir,  después de muchos años de estudiar al Barça finalmente dio con la tecla.  Repliegues intensivos, contras y sobre todo una presión despiadada, una cucharada de la propia sopa culé de antaño.  Luis Enrique se tardó en reaccionar, se tardó mucho, el Barça sin ideas comenzó por la falta de ideas de su entrenador.

Con el 3-0 encima, los culés no cambiaron el esquema de petrificación y Messi seguía perdiendo balones. El cuarto gol de los galos ya fue un balde de agua helada y ese es el gol que prácticamente elimina al Barça de la competición europea, porque quizás el equipo culé de antaño, el que enamoraba, necesitaría rezar por un milagro para darle la vuelta a la eliminatoria, pero este Barça desangelado, sin amor y sin ilusión necesita algo más.

Un desastre de partido que quedará en la memoria.

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