¿Por qué un catalán quiere independizarse?

Para entender el conflicto entre Catalunya y el gobierno de España y por qué un catalán quiere independizarse hay que estar aquí, en Cataluña, no hay otra manera de verlo claramente. Hay que pasarse por el Camp Nou cada quince días y esperar al minuto 17 con 14 segundos o acudir a un partido de Champions y verlo pintado de esteladas. Hay que sentarse cualquier noche en la fuente que está al centro de la plaza de Felipe Neri y ver en las paredes los restos de la guerra civil española o caminar por el barrio del Borne y parar para ver el pebetero de la eterna llama del Fossar de les Moreres. Hay que sentarse a hablar con un anciano que ha esperado toda su vida el 1 de Octubre.

Hoy nadie sabe a ciencia cierta cuántos catalanes se quieren independizar, hay muchos, es verdad, que no quieren abandonar España, pero tanto los del Sí y los de No encuentran un punto en común y éste es el derecho a votar el referéndum este próximo domingo. Nadie sabe dónde están las urnas ni las papeletas, el gobierno catalán ha garantizado verbalmente que todos los ciudadanos de Catalunya podrán ir a votar, mientras que el gobierno de Mariano Rajoy asegura que el referéndum no se llevará a cabo.

El sentimiento independentista no nació de un día para otro, sino que se hereda de generación en generación: los abuelos lo transmiten a sus hijos y nietos desde siempre. Hoy hay padres y madres catalanes que quieren votar para decidir lo que consideran es lo mejor para el futuro de sus hijos y hoy muchos jóvenes quieren votar conscientes de que la juventud es la que logra los cambios. Hace todavía tres semanas en las manifestaciones independentistas la mayoría de los presentes eran gente mayor, pero hoy las calles están llenas de jóvenes, jóvenes que quieren defender sus ideales.

En pleno siglo XXI parece incomprensible que un miembro de la Unión Europea prohiba el voto, pero es lo que está sucediendo en España. El pecado del gobierno español es no haber atendido durante años el llamado de los catalanes para sentarse a negociar lo que podría haber sido una temprana solución: el pacto fiscal. Catalunya ingresa el 20% del PIB en España y ésta es para muchos la razón moderna de por qué los catalanes quieren separarse. Catalunya ha solicitado durante mucho tiempo un pacto cómo se hizo con el País Vasco y Navarra, pero la respuesta siempre ha sido negativa.

El pecado del Jefe de Gobierno español, Mariano Rajoy, ha sido el taparse los oídos y los ojos para evadir el problema, un problema que ya no solo es político sino también social. Fingir que nada sucedía dio pie a que el movimiento independentista creciera poco a poco, la solución era hacer política y dialogar, pero Rajoy se quedó corto y hoy, sin intención de abrir la puerta del diálogo,  para el presidente español la mejor solución es intimidar a los catalanes con el envío de la Guardia Civil y la Policía Nacional, acrecentando en la zona el deseo independentista. Rajoy ha sido el encargado de convencer en favor del sí a los indecisos.

Más policías, más arrestos, más investigaciones y más hostigamiento es la política del miedo de Rajoy. Ni siquiera cuando Barcelona y Cambrils fueron víctimas de los ataques terroristas el pasado 17 de Agosto, el gobierno español hizo tanta movilización de las fuerzas policiales. ¿Acaso un catalán que quiere votar es más peligroso? parece que para Rajoy sí lo es. Las amenazas sociales, en seguridad y económicas no están logrando su objetivo, en Catalunya se sabe que la independencia traerá la inmediata salida de la Unión Europea, pero ¿es acaso la UE un modelo exitoso?. La crisis económica que está por venir, si Catalunya logra su independencia, está asumida por muchos y no les ha convencido para que decidan seguir formando parte de España.

Hoy se viven horas en relativa calma, pero con mucha tensión. La policía catalana, los Mossos d’Esquadra, ahora a las órdenes de la Fiscalía (y de la Generalitat), no garantizan el poder precintar todos los colegios donde se pretenda votar el próximo domingo y peor aún es que hoy no está garantizada la paz el 1 de Octubre. Carles Puigdemont, continúa afirmando que los catalanes no actuarán con violencia, mientras que el gobierno de España justifica su desproporcionado envío de policías a la región afirmando que en las calles de Barcelona existe violencia, una gran mentira.

España vive una crisis política y social que aún está a tiempo de solucionarse con política y diálogo, la pregunta es si esto sucederá. La Unión Europea desea que esto se frene lo antes posible y que no se convierta en un movimiento contagioso en el resto de sus miembros. Las horas son críticas.

 

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