España, cariño, lo nuestro no funciona

Tras varias semanas de cardíaca intensidad en Catalunya, hoy se viven horas de relativa tranquilidad, de ansiedad diría yo, porque el futuro es incierto y no parece hasta hoy haber una salida, al menos no democrática. La declaración de independencia del President catalán Carles Puigdemont el pasado 10 de octubre y la súbita suspensión de sus efectos apenas 46 segundos después dejó en vilo a los catalanes y al resto de España.

El President Carles Puigdemont durante una rueda de prensa en el Palau de la Generalitat / Pilar Suárez
El President Carles Puigdemont durante una rueda de prensa en el Palau de la Generalitat / Pilar Suárez

Fundamentada en la búsqueda de diálogo con el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy, la suspensión de la independencia no trajo consigo una respuesta positiva por parte de La Moncloa, sino todo lo contrario, un burofax llegó a las oficinas de Puigdemont el 11 de octubre requiriendo que éste confirme si ha declarado la independencia o no. Es decir, Rajoy no está abierto al diálogo, como ya se esperaba y además ha dado el primer paso para aplicar el Artículo 155 de la Constitución el cual permite el control político de Cataluña por parte del Estado.

Poco se sabe del Artículo 155 porque en 40 años no se ha aplicado, pero da poder y mucho al Estado. Por ahí circula la amenaza de Rajoy y el miedo de Puigdemont, quien podría ser arrestado por sedición y daría pie a que se convoquen elecciones autonómicas. ¿Sería este el momento esperado por Ada Colau?. Tal vez.

Por los pasillos del Parlament se vieron caras de descontento por la decisión del President, mientras que algunos celebraban el “seny” (sensatez) de éste buscando una vez más el diálogo. La CUP se siente traicionada y no piensa esperar más de un mes para que Catalunya se convierta oficialmente en la República Catalana, mientras que la Assemblea Nacional Catalana (ANC) ha decidido insistir al Parlament para que levante la suspensión y al President para que implemente cuanto antes la Ley de Transitoriedad jurídica y fundacional de la República ante la negativa de Rajoy a abrir la puerta del diálogo.

El presidente del Gobierno Mariano Rajoy durante el Congreso del PP en Catalunya / Pilar Suárez
El presidente del Gobierno Mariano Rajoy durante el Congreso del PP en Catalunya / Pilar Suárez

Puigdemont está entre la espada y la pared. Sabe que la respuesta que dará a Rajoy le traerá problemas, ya sea con el mismo presidente español o con los catalanes. La presión para el President es máxima: la Unión Europea no le apoya para mediar la situación, hasta hoy 40 empresas han trasladaddo su sede social fuera de Catalunya y políticamente se arriesga a sufrir una división que podría costar muy cara a corto plazo.

Atrás parecen haber quedado los cánticos y las caceroladas en las calles de la Ciudad Condal, hoy toca turno a la política, esa política que Rajoy no ha sabido hacer durante el procés y esa política que la Generalitat no ha podido culminar de manera legal por el impedimento del gobierno español. Para la mayoría en España y al parecer en Europa, la Declaración Unilateral de Independencia sería un grave error, lo mismo que la aplicación del Artículo 155. Desde este punto de vista, parece que el primero en dar un paso en falso será Rajoy.

La falta de contundencia de Puigdemont ha alejado la independencia catalana. De no declararse la República pronto, el procés habrá terminado sin cumplir su

Banderas esteladas y de la Unión Europea durante una manifestación en la Plaza del Ayuntamiento de Barcelona / Pilar Suárez
Banderas esteladas y de la Unión Europea durante una manifestación en la Plaza del Ayuntamiento de Barcelona / Pilar Suárez

objetivo y quedará una herida muy profunda en los catalanes separatistas, una herida que dejará cicatriz y que tardará muchos años en sanar. Por el contrario, si se concreta la independencia para Rajoy esto significaría una nueva derrota, una más a su lista, la última de ellas fue no cerrar todos los colegios electorales y que más de dos millones de censados en Catalunya votaran. Las consecuencias en el PP serían desastrozas y quizás Pedro Sánchez (PSOE) y Albert Rivera (Cs) aceleren la reforma de la Constitución antes de que el País Vasco encuentre en Catalunya una vía rumbo a la salida de España.

Por el momento los miles de policías que Rajoy envió a Catalunya permanecen aquí, ansiosos se les ha visto algunas veces por salir a las calles nuevamente. Esperan órdenes y están dispuestos a repetir las cargas del 1 de Octubre, cargas que no causaron dolor al Rey Felipe VI sino todo lo contrario, parecen haber sido aprobadas por él, cargas contra los “catalanes golpistas”, los que quieren votar, porque el PP ya se encargó en sus discursos joyitas de separar a los “catalanes de bien” de los otros catalanes. Algo muy típico de la derecha más rancia.

Sin diálogo sobre la mesa el panorama es negro para una parte, para otra o para ambas. España está demostrando que en 40 años poco ha aprendido de democracia y Catalunya en mas de 40 años no ha encontrado la fórmula correcta para dejar de ser la víctima. España, cariño, lo nuestro no funciona… tenemos que hablar.

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