Infodemia en tiempos de pandemia, el nuevo reto de la información

La desinformación tiene graves repercusiones en la toma de decisiones sobre la salud en estados de emergencia 

En tiempos de pandemia y crisis como la que mundialmente estamos viviendo, hay algo que puede ser más peligroso que el mismo coronavirus y eso es la infodemia. Pero vamos a comenzar por definir infodemia. Infodemic es un anglicismo proveniente de las palabras “information” y “pandemic” y el acrónimo infodemia es utilizado para referirse al exceso de información (en su mayoría falsa) sobre un tema. La Organización Mundial de la Salud utiliza desde hace tiempo el término infodemia y en el mes de febrero, cuando el coronavirus no era catalogado aún como pandemia, lanzó una alerta mundial sobre la infodemia y cómo estaba afectando al brote del coronavirus.

Sin ir muy lejos podemos encontrar un ejemplo muy claro de cómo la infodemia aceleró la propagación del Covid-19. A finales de febrero, Italia comenzaba a ver cómo el virus crecía día tras día. En la zona de Lombardía se habían identificado 150 contagios y era ahí donde se concentraba el foco de la pandemia del país transalpino. Entonces la cadena CNN anticipó un rumor sobre el posible confinamiento de la zona para evitar los contagios y como respuesta, miles de habitantes de la zona llenaron trenes y aviones para huir de Lombardía, situación que potenció el contagio y entorpeció los planes del gobierno italiano.

Está claro que tanto la falta de información como las fake news generan un daño terrible, pero también el exceso de información, aunque ésta sea verídica. Antes de la pandemia del Covid-19 se publicaban anualmente alrededor de 3,000 artículos científicos sobre los coronavirus, pero a raíz de la pandemia del Covid-19 se están publicando 700 artículos diarios: las proteínas del virus, su reacción al frío y al calor, su propagación, su origen, sus efectos secundarios, su inmunidad, sus tratamientos, sus vacunas, etc., etc., y un largo etc.. Basta cada día encender el televisor, la radio o leer un diario para conocer diferentes curas, consecuencias y teorías sobre el virus y al final del día nos vamos a dormir sin tener una idea clara.

El hecho de que el Covid-19 sea un virus nuevo, que se haya convertido en pandemia y que vivamos en un mundo hiperconectado por internet, hace que tengamos una mezcla explosiva, peligrosa y hasta letal. Basta que un mensaje salga de un móvil para que se viralice y no encontremos su origen, creando caos y confusión en aquellos miles que estén expuestos al mensaje. Basta también que un tuit virulento de un bot llegue a miles de personas para desestabilizar a un gobierno a través de la influencia del clima de opinión y que entonces las decisiones para frenar la pandemia se vean afectadas de manera negativa.

En términos de investigación de la comunicación, uno de los retos próximos es la evaluación de la información que buscan y evitan las personas y cómo ello tiene una influencia en su comportamiento (1). De hecho, diversos estudios afirman que las personas buscan información online que se asemeje a su forma de ver y entender las cosas que les rodean, a ignorar información disidente y a formar grupos polarizados que comparten su misma narrativa (2). Por si fuera poco y para mala noticia, diversos estudios señalan que las fake news y la información sin contrastar se diseminan mucho más rápido que las noticias basadas en datos reales (3), uno de los motivos de esta rápida virulencia es que este tipo de información tiene un target específico: las emociones de las personas. Además, la desinformación prolifera en ambientes polarizados (4).

Si bien la infodemia puede atacarse desde los medios de comunicación y los políticos (aunque para la extrema derecha la infodemia está resultando beneficiosa), con una doble verificación las personas expuestas a la información pueden filtrar la información a través de acciones como la identificación del autor del video, audio, texto o imagen que se recibe. También es necesario verificar la fecha de publicación de la información para contextualizarla, buscar los enlaces externos a los que lleva esa publicación (si éstos son oficiales tiene mucha más fabilidad) y finalmente, cuando existan dudas sobre aquello que llega a nuestras manos lo mejor es no compartirlo con nuestros contactos por ningún medio.

Bibliografía

  1. Tali Sharot and Cass R Sunstein. How people decide what they want toknow. Nature Human Behaviour, pages 1–6, 2020.
  2. Alessandro Bessi, Mauro Coletto, George Alexandru Davidescu, Anto-nio Scala, Guido Caldarelli, and Walter Quattrociocchi. Science vs con-spiracy: Collective narratives in the age of misinformation. PloS one,10(2):e0118093, 2015.
  3. Soroush Vosoughi, Deb Roy, and Sinan Aral. The spread of true and falsenews online. Science, 359(6380):1146–1151, 2018.
  4. Michela Del Vicario, Walter Quattrociocchi, Antonio Scala, and FabianaZollo. Polarization and fake news: Early warning of potential misinforma-tion targets.ACM Transactions on the Web (TWEB), 13(2):1–22, 2019.

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